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La música y la ternura.

Kunumi suele llamarse a los niños pequeños en algunas regiones de Argentina, Paraguay, Brasil y Bolivia. Significa “Ternurita” en el idioma Guaraní.

Me parece interesante retornar este concepto de “ternura” para el trabajo en la primera infancia, esencial en el encuentro cotidiano con los niños y bebés, desde allí es que puede construirse una nueva educación. No es posible la transmisión de cultura sin el amor y la ternura. La ternura como constitutiva de sujeto, como un modo de relación que habilita otros modos de subjetivación.

A partir de los 4 meses de gestación, el oído del bebé se encuentra desarrollado en su totalidad. Por lo tanto escucha las voces, los sonidos del ambiente y las canciones que suenan a su alrededor. Es importante acompañar a los padres en este momento y brindarles herramientas para la conexión con su propio bebé.

Considero a la madre y su niño como una composición musical. La respiración, los latidos de los corazones, el caminar hacen la melodía y el ritmo. Por esta razón estoy convencida de que la música no se “aprende”, se vive, se vivencia, se reconoce. Es parte de nuestra vida cotidiana, el canto de los pájaros, del viento y de la lluvia, el silencio… todo hace que nuestro entorno sea musical.

La música como una “excusa” para el encuentro con su propio hijo y con otros. La creatividad, el arte, la creación, el compartir habilitan nuevos lazos sociales y brindan recursos culturales y simbólicos para la vida.

Un niño que desde pequeño comparte y disfruta con sus padres, familia y con sus pares la música y la expresión artística, es un niño que desarrollará otros modos de relación e irá encontrando en su desarrollo otros caminos para desenvolverse en su crecimiento y en sus relaciones.

 

Valeria N. Magliocchetti

Psicóloga y Maestra Nacional de Música

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